Aun con la coerción económica o militar será difícil forzar la capitulación del gobierno iraní afirma el doctor William O. Beeman, profesor emérito de antropología en la Universidad de Minnesota, especializado en Oriente Medio

“Uno de los principales motores de las acciones del gobierno iraní es la protección de la soberanía nacional”: doctor William O. Beeman.
Un análisis de las razones que subyacen en las acciones de Irán con relación al cierre y reapertura del estrecho de Ormuz se remontan a un pasado bastante lejano y que, además, ayuda a explicar gran parte de la forma en que el régimen iraní está reaccionando, tanto ante la presión externa ejercida por Trump, Estados Unidos e Israel, como ante el hecho de que el régimen iraní continúe reprimiendo a su propia población.
Estos dos factores están estrechamente vinculados. Existen dos bases filosóficas fundamentales e importantes que explican las acciones del gobierno iraní.
El doctor William O. Beeman, profesor emérito de antropología en la Universidad de Minnesota, especializado en Oriente Medio, afirma que dichas razones, si bien se remontan a un pasado histórico distante, también guardan relación con la Revolución iraní de 1978-1979.
“Uno de los principales motores de las acciones del gobierno iraní es la protección de la soberanía nacional. Este es un componente absolutamente fundamental de la identidad iraní, así como del actual *establishment* [grupo de poder] gubernamental del país”, afirma.
De una forma u otra, Irán ha permanecido bajo el dominio de potencias extranjeras durante casi doscientos años; por ello, los iraníes son extremadamente sensibles a que dichas potencias hayan intervenido una y otra vez en sus asuntos internos, y valoran enormemente haber logrado resistir y preservar su integridad nacional a pesar de esa injerencia externa.
A menudo se interpreta la Revolución iraní de 1979 como un movimiento de carácter religioso; sin embargo, en realidad, su aspecto más trascendental fue la declaración de que no se alinearían «ni con Oriente ni con Occidente». Es decir, se opondrían a cualquier influencia colonial en sus asuntos internos.
Tras la crisis de los rehenes de 1979-1980, Estados Unidos firmó un acuerdo —los Acuerdos de Argel— con Irán con el fin de poner fin a dicha crisis; en virtud de este pacto, Estados Unidos se comprometió por escrito —de manera formal, sellada y vinculante— a no volver a interferir jamás en los asuntos internos de Irán.
“Con la situación en la que nos encontramos hoy con Irán—, el país está haciendo todo lo posible para proteger la revolución y los ideales revolucionarios, así como para salvaguardar su soberanía nacional; y está dispuesto a llegar a extremos con tal de lograrlo”, subrayó el experto de renombre internacional en Oriente Medio y el mundo islámico.
La coerción no funciona
Ese uno de los puntos más importantes que Estados Unidos debería comprender: ninguna medida de coerción económica —ni tampoco militar— disuadirá al gobierno iraní de perseguir este objetivo primordial.
Asimismo, las incursiones o acciones internas que el gobierno ha emprendido contra sus propios ciudadanos —en el contexto de las diversas protestas que han tenido lugar— guardan relación con la percepción de que dichas manifestaciones representan una amenaza para la revolución y para los valores revolucionarios.
De este modo, según la ideología del gobierno actual, los ciudadanos que protestan contra la administración están, en realidad, protestando contra la revolución y sus ideales fundacionales.
Desde una perspectiva externa, todas estas acciones pueden parecer bastante extremas; sin embargo, al comprender la lógica interna que rige el proceder de Irán, adquieren un sentido perfectamente coherente.
Por consiguiente, -según el doctor Beeman- resulta indispensable adoptar la perspectiva iraní para poder comprender sus motivaciones.
No obstante, no puede asegurar que, en lo que respecta a la apertura del estrecho de Ormuz, se observa también cómo Irán asume la dirección del tráfico marítimo a través de sus aguas territoriales.
“Este es un punto crucial: si bien una parte del estrecho de Ormuz discurre por aguas internacionales, Irán optó inicialmente por canalizar el tráfico a través de sus propias aguas territoriales como vía de acceso al estrecho”, advirtió el experto.
“El propósito de esta medida era reafirmar, una vez más, su soberanía nacional; al situarse el estrecho de Ormuz dentro de las aguas nacionales iraníes, el país quedaba facultado para cobrar peajes —o para realizar cualquier otra acción— que demostrara ante el mundo que Irán ejercía, de hecho, el control sobre su propio territorio y que no permitiría ser intimidado por fuerzas externas”, añade.
En este entorno, el gobierno de Estados Unidos parece creer que la coerción, ya sea de índole económica o militar, logrará forzar la capitulación del gobierno iraní.
“Sin embargo, esto no sucederá. Y así, este es un punto sumamente importante que debe ser enfatizado una y otra y otra vez: que la simple influencia, la simple fuerza o coacción por parte de los Estados Unidos —o, en realidad, de cualquier nación— no disuadirán al gobierno iraní. Ellos lucharán hasta el final para protegerse a sí mismos, salvaguardar su soberanía nacional y preservar los ideales de lo que ellos perciben como la Revolución y los valores revolucionarios”, enfatizó el experto en relaciones del Medio Oriente.
El estrecho de Ormuz y Hezbolá
Así pues, el estrecho de Ormuz se abrió cuando las conversaciones entre Israel y el Líbano resultaron exitosas. Y, una vez más, hay que comprender que la visión iraní del Líbano y de Hezbolá también es una proyección de la revolución. Hezbolá fue creado por Irán como una proyección de la revolución de 1978-1979. Por consiguiente, solo cuando Israel y Hezbolá suspendieron efectivamente sus acciones militares, Irán estuvo dispuesto a ceder y permitir que se abriera el estrecho de Ormuz.

“Esto no fue algo realizado por los Estados Unidos; fue llevado a cabo enteramente por Irán y como reacción para respaldar lo que ellos consideran sus ideales revolucionarios”, sostuvo el doctor Beeman.
Así que, la apertura del estrecho de Ormuz es, en realidad, algo que resultaba previsible si se comprende la lógica iraní en esta situación.
Los comentarios del doctor Beeman, emitidos durante una sesión informativa de American Community Media (ACoM) se hicieron previos a la confiscación de un buque iraní por parte de Estados Unidos, a los disparos iraníes contra dos buques en el estrecho de Ormuz después de que Trump extendiera el alto el fuego, hasta que Teherán presentara una «propuesta unificada» para las conversaciones en Pakistán. Las conversaciones iniciales, programadas para el miércoles, han sido canceladas.
¿Qué prevé para cuando finalice el alto el fuego temporal de dos semanas, y cómo logrará el presidente Trump salir de esta guerra impopular sin dejar de proclamar la victoria?, se le cuestionó.
“Existe una condición innegociable para los iraníes: el derecho a enriquecer uranio. Desde 1968, Irán y los Estados Unidos fueron miembros fundadores del Tratado de No Proliferación Nuclear. Dicho tratado garantiza a todos los Estados que no poseen armas nucleares el derecho al desarrollo pacífico de la energía nuclear, y exige a los Estados poseedores de armas nucleares proteger el derecho de los Estados no nucleares a enriquecer material nuclear”, respondió.
“Aparte de Irán, entre los Estados no nucleares que enriquecen uranio y que cuentan con un programa activo de enriquecimiento se encuentran Argentina, Brasil, los Países Bajos, Alemania y Japón. Todos estos países poseen programas de enriquecimiento nuclear dentro de sus propias fronteras; solo Irán ha sido señalado —y singularizado— bajo la exigencia de suspender o eliminar por completo su programa de enriquecimiento nuclear, el cual Irán declara que tiene fines pacíficos”.
Beeman subrayó que, “por cierto, no existe prueba alguna en ningún lugar, ni por parte de ningún organismo gubernamental o internacional de que Irán posea, haya poseído alguna vez o vaya a poseer en el futuro un programa de armas nucleares”, agregó. “Todo esto es una invención absoluta”.
Así pues, Irán insiste en aras de su soberanía nacional y de sus derechos como socio en pie de igualdad en el marco del Tratado de No Proliferación Nuclear, así como en su condición de Estado igualitario y respetado dentro de la comunidad internacional, en que se le permita ejercer los derechos que le confiere el tratado y proseguir con el desarrollo pacífico —o, más concretamente, con el enriquecimiento de uranio y el desarrollo pacífico de la energía nuclear—.
Choque de civilizaciones
En este conflicto, ha habido declaraciones por parte del secretario de Defensa, Pete Hegseth, y de otros funcionarios de la administración Trump que invocan terminología bíblica; e incluso el propio presidente Trump advirtió explícitamente que toda una civilización perecería si no se aceptaban sus condiciones.
Dr. Beeman, desde su perspectiva, ¿cómo deberíamos interpretar este tipo de retórica? ¿Existe el riesgo de que esto enmarque el conflicto no solo como una cuestión geopolítica, sino también como un choque de civilizaciones o, incluso, implícitamente, como un conflicto religioso? ¿Y cuáles son las consecuencias de tal enfoque en la percepción de la guerra, tanto en Oriente Medio como a nivel mundial?

«Esta retórica es sumamente desafortunada», respondió él. «La razón de ello es que —por supuesto— la historia, y la memoria histórica, tienen un alcance muy profundo y perdurable; y cuando uno escucha pronunciamientos como los realizados por el presidente Trump y Pete Hegseth, estos evocan de inmediato la era de las Cruzadas». Y esto no es algo que —desde la perspectiva de los Estados Unidos, una nación fundada mucho después de las Cruzadas— tenga mucha relevancia o significado para el público o los ciudadanos de este país.
“Y esto no es algo que, desde la perspectiva de Estados Unidos, una nación fundada muchísimo tiempo después de las Cruzadas tenga gran relevancia o significado para el público o los ciudadanos estadounidenses; sin embargo, para los pueblos de Oriente Medio, resulta sumamente significativo, máxime cuando, de hecho, dicha retórica ha sido utilizada históricamente como eslogan por las potencias coloniales en toda la región de Oriente Medio, y no únicamente en Irán”.
“Así pues, la idea de que los cruzados vendrán a conquistar el territorio del mundo islámico que es, precisamente, lo que ocurrió en los siglos XII y XIII. constituye un tema sumamente sensible. Esto es algo que me intriga profundamente: si Pete Hegseth y Trump no estarán utilizando deliberadamente este tipo de simbolismo cristiano en su intento de vender esta idea a las comunidades cristianas conservadoras de todo Estados Unidos; pues, entre dichas comunidades, la noción de recuperar —o asegurar— Jerusalén y Tierra Santa sigue siendo una cuestión de gran peso en la política estadounidense”.
Esa es la razón por la cual los cristianos conservadores apoyan tan firmemente al Estado de Israel: porque creen que la Segunda Venida de Jesús tendrá lugar una vez que Israel esté asegurado y llegue el nuevo Mesías.
Y, si bien se trata de una cuestión religiosa de gran peso —que para el resto del mundo puede parecer mera retórica casual o incluso descuidada—, en realidad está codificada con mucha claridad para apelar a los cristianos de los Estados Unidos.
“Sin embargo, lamentablemente, también está fuertemente codificada para las personas del mundo islámico, lo cual tiende a exacerbar la situación de una manera que resulta absolutamente improductiva. Por ello, lamento profundamente que hayan optado por mezclar estos términos simbólicos y religiosos con cuestiones políticas de carácter más práctico”, concluyó el doctor William O. Beeman.