Un estudio de caso realizado en Virginia reveló que el 84% de los docentes apoyaba la prohibición de celulares; los resultados mostraron una reducción de las distracciones y un aumento de las interacciones entre los estudiantes.

Si bien los estudiantes argumentan que la prohibición del uso de celulares en el aula podría propiciar conductas furtivas y sugieren un enfoque equilibrado, con límites y consecuencias claros, un estudio en el estado de Virginia reveló que el 84% de los docentes apoyaba la prohibición y observó una reducción de las distracciones y un aumento de las interacciones sociales presenciales.
Las nuevas políticas en el uso de celulares se aceleraron con la orden ejecutiva que firmó en 2024 el exgobernador republicano de Virginia, Glenn Younking y entró en vigor el 1 de enero de 2026.
La ley tiene como objetivos reducir el ciberacoso, la adicción a las redes sociales y las distracciones graves en el aula.
Durante el estudio, los estudiantes K-12 fueron restringidos del uso del celular durante el horario escolar.
“Simplemente se exigía que los dispositivos permanecieran apagados y guardados durante todo el horario escolar, desde el toque de campana inicial hasta el final de la jornada”, dijo el doctor David T. Marshall, profesor asociado de investigación y evaluación educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de Auburn, durante una sesión informativa de la American Community Media (ACoM).
“Esta disposición resolvía ciertos problemas logísticos, ya que, una vez que la campana marcaba el fin de las clases, el estudiante podía salir del edificio, tomar su teléfono y llamar a sus padres o coordinar cualquier asunto logístico que necesitara resolver”.
Además del 84% de los profesores que apoyaron la prohibición de los celulares, los resultados también arrojaron que el 76 % de los encuestados -antes y después del estudio- consideraba que los teléfonos constituían una distracción grave.
Menos distracción en las aulas
Transcurridos tres meses, los docentes informaron de una marcada disminución de las distracciones y de la carga de trabajo percibida, así como de un aumento de las interacciones sociales entre los estudiantes.
No obstante, también señalaron una disminución en el apoyo recibido por parte de otros docentes debido a la aplicación inconsistente de las normas.
Así, el estudio subrayó la importancia del respaldo administrativo y de la aplicación coherente de las normas para garantizar el éxito de las prohibiciones al uso de celulares.
El doctor Marsahll, en conjunto con el doctor Timothy Pressley, profesor asociado en el departamento de psicología de la Universidad Christopher Newport, partió de la premisa de que gran parte de la atención suele centrarse en los estudiantes —algo que consideró totalmente apropiado, pues al fin y al cabo ellos son la razón de ser de las escuelas y el motivo de estas políticas—.
No obstante, Marsahll y Pressley centraron gran parte de su trabajo en analizar la situación desde la perspectiva del docente. Ambos son exmaestros y saben que los docentes están en la primera línea al implementar cualquier política en el aula.
“Pensamos, otros colegas y expertos ya se encargarán de cubrir los aspectos fundamentales relacionados con el funcionamiento de estas medidas [prohibición del celular] en el contexto de los estudiantes”, dijo
Es decir, mientras otros analizarían las repercusiones en los resultados académicos, la salud mental, el comportamiento escolar y otros aspectos, los expertos en educación averiguaron cómo los propios docentes vivían esta experiencia.
De ese modo, se asociaron con un distrito escolar suburbano de Virginia.
En cada una de las ocho escuelas secundarias y preparatorias que participaron en el estudio los maestros completaron una encuesta, aproximadamente entre cuatro y seis semanas antes de la implementación de la política.
Dado que la política entró en vigor el 1 de enero de 2025, su aplicación plena en el curso escolar comenzó después de las vacaciones de invierno.
Marshall dijo que cree que “muchas veces la razón por la que las políticas no funcionan en las escuelas es que, en ocasiones, los docentes pueden mostrarse algo escépticos respecto a si el problema es tan grave como algunos creen o sienten que se les está añadiendo una carga de trabajo adicional para resolver algo que ellos no perciben como un problema real”.
No fue el caso de su estudio: El 84 % de los docentes encuestados respaldaba la prohibición y la política implementada en sus escuelas, y el 76 % afirmó que consideraba que los teléfonos representaban una distracción seria en sus aulas.
“Todos estaban en la misma sintonía, reconociendo que se trataba de un problema que requería algún tipo de solución y parecían estar de acuerdo en apoyar el rumbo que el distrito escolar había decidido tomar”, informó.
Los profesores plantearon la posibilidad de no contar con un respaldo administrativo sustancial para hacer cumplir la política, o bien el rechazo de los estudiantes.
Tres meses después de la implementación de la ley, los docentes informaron que había menos distracciones y se observó una diferencia estadísticamente significativa: reportaron un menor número de distracciones en el aula.
Pero, lo más interesante fue que Marshall y Pressley utilizaron una escala para medir la carga de trabajo percibida por los docentes, y esta resultó ser menor tres meses después de la puesta en marcha de la medida, es decir, dedicaron menos tiempo a lidiar con distracciones en el aula.
Asimismo, los docentes, señalaron haber observado una mayor interacción entre los alumnos: los comedores se volvieron más ruidosos y se generaban más conversaciones, incluso en los pasillos y una vez finalizada la jornada escolar.
“Por tanto, parecía haberse producido cierto crecimiento y desarrollo social en este contexto”, indicó el doctor Marshall.
El único hallazgo algo decepcionante —o tal vez preocupante— que obtuvieron fue que disponían de una escala para medir el grado de apoyo entre colegas, y este disminuyó al comparar el momento previo a la implementación con el posterior.
Al realizar los grupos de discusión con los docentes, pareció surgir algún caso en el que los docentes comentaban que, al conocer a sus colegas del pasillo, sabían que —por ejemplo— la maestra Smith seguía permitiendo que los alumnos utilizaran sus teléfonos durante los últimos cinco o diez minutos de clase.
“Esta aplicación desigual de la normativa en algunos centros provocó que ciertos docentes no se sintieran respaldados por sus compañeros”, indicó Marshall, quien, en definitiva, enfatizó que una de las principales conclusiones es que la implementación es crucial, y que la coherencia en su aplicación resulta fundamental.
Los objetivos iniciales se lograron, aunque no se contó con tiempo suficiente para profundizar en los aspectos académicos.

Doctor David T. Marshall, profesor asociado de investigación y evaluación educativa en la Facultad de Educación de la Universidad de Auburn, en Alabama.
Hallazgos clave de los estudios sobre el uso de teléfonos celulares en Virginia:
• Apoyo y participación: Los docentes informan que las prohibiciones de tipo «de timbre a timbre» (que exigen guardar los teléfonos en casilleros o mochilas durante toda la jornada escolar) han propiciado una mayor participación de los estudiantes y una reducción de las interrupciones en el aula.
• Mejoras de la conducta: Un estudio realizado en el sureste de Virginia reveló que el 62 % de los docentes observó una mejora en el comportamiento de los estudiantes, así como una disminución en el tiempo dedicado a «navegar sin propósito» en los dispositivos en lugar de atender las tareas escolares.
• Enfoque académico: Los datos preliminares apuntan a una mejora en la capacidad de concentración; un programa piloto específico (en la escuela secundaria Handley High School) reportó un aumento en las calificaciones en 18 clases distintas.
• Socialización: Estas políticas han logrado incentivar a los estudiantes a interactuar con sus compañeros durante el horario escolar, reduciendo así su dependencia de las redes sociales y de las pantallas de sus teléfonos durante los momentos de convivencia.
• Salud mental: Los hallazgos corroboran los resultados de otros estudios que indican que eliminar el acceso constante a los teléfonos reduce la ansiedad y aumenta la capacidad de atención, lo que contribuye a mejorar la salud mental en general.
• Desafíos en la implementación: A pesar del amplio respaldo, los docentes subrayaron que la aplicación rigurosa y constante de la norma es fundamental para su éxito; asimismo, algunas escuelas experimentaron un repunte inicial y temporal en el número de remisiones a la dirección escolar por infracciones a dicha política.