Los crímenes de odio contra los asiáticos americanos se mantienen en niveles alarmantemente elevados

La retórica de odio de Trump ha contribuido al aumento exponencial del problema: seis mujeres asiáticas fueron asesinadas en Atlanta y cuatro sijs en Indianápolis.

Los crímenes de odio contra los asiáticos se mantienen en niveles alarmantemente elevados, superando en más del doble el promedio anual previo a la pandemia.

Los delitos de odio contra personas de origen asiático se incrementaron un 300% con respecto a los niveles previos a la pandemia y, en ello, el impacto de la retórica pública —particularmente la de Donald Trump— desde su primer periodo de gobierno, de 2016 a 2020, ha sido fundamental para aumentar el odio.

Los datos preliminares sobre crímenes de odio, publicados por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) para el año 2025, muestran una disminución en el total de incidentes reportados a nivel nacional; sin embargo, dichos datos reflejan amenazas persistentes y preocupantes dirigidas contra los asiático-estadounidenses e isleños del Pacífico (AAPI), las comunidades religiosas, los latinos y las personas percibidas como inmigrantes.

Los datos preliminares generales ponen de manifiesto riesgos continuos y aumentos drásticos dirigidos a comunidades específicas, a pesar de la falta generalizada de denuncias, impulsada por el miedo, las barreras idiomáticas y la inconsistencia en los informes presentados por las fuerzas del orden.

John C. Yang, presidente y director ejecutivo de Asiático-Americanos Promoviendo la Justicia (AAJC), dijo que la organización publicó un análisis detallado de los datos preliminares del FBI sobre los crímenes de odio de 2025, que demuestra cómo la crónica falta de denuncias, las lagunas en los datos y la participación inconsistente de las fuerzas del orden ocultan la verdadera magnitud de los daños motivados por el odio en todo el país.

Los crímenes de odio contra los asiáticos se mantienen en niveles alarmantemente elevados, superando en más del doble el promedio anual previo a la pandemia (registrado entre 2013 y 2018: 133 incidentes por año).

En 2025 se registraron 318 crímenes de odio —una cifra aproximadamente 2,4 veces superior—, incluso a pesar de que el número de incidentes reportados disminuyó un 16 % con respecto a los 379 casos registrados en 2024.

Los crímenes de odio contra los nativos de Hawái y las islas del Pacífico (NHPI, por sus siglas en inglés) descendieron a 20 incidentes de sesgo único, lo que representa una disminución del 31 % en comparación con los 29 casos registrados en 2024.

Los crímenes de odio contra sijs se dispararon a niveles jamás registrados por el FBI: 226 incidentes, marcando un aumento del 59 % respecto a los 142 de 2024; contra hindúes aumentaron a 28 incidentes, un alza del 12 % respecto a los 25 de 2024, y contra budistas ascendieron a 32 incidentes, un incremento del 23 % respecto a los 26 de 2024.

En cambio, los delitos de odio contra musulmanes disminuyeron ligeramente a 199 incidentes, lo que representa un descenso del 13 % respecto a los 228 registrados en 2024.

“Cuando tenemos un gobierno federal que no solo fracasa en la prevención de incidentes de odio, sino que participa activamente en conductas y discursos que los incentivan, todos los estadounidenses sufrimos”: John C. Yang, presidente y director ejecutivo de Asian Americans Advancing Justice | AAJC.

Trump le echa leña al fuego del odio

En el 35 aniversario de la fundación de la AAJC, John C. Yang describió “la cruda realidad” de la retórica antiinmigrante que ha alcanzado un máximo histórico, la cual consideró que, a pesar de los avances logrados, “se ha disparado a niveles alarmantes”.

“Lamentablemente, en la actualidad contamos con un presidente [Donald Trump] que no hace más que echar leña a ese fuego del odio”, dijo Yang.

Recientemente, el presidente de Estados Unidos compartió en sus redes sociales una diatriba de un locutor de radio ultraderechista que tildaba a los inmigrantes procedentes de la India y China de «gánsteres con computadoras portátiles».

Dicho locutor calificaba a esos países como «países de mierda» (hellhole countries), una expresión que evoca la forma en que el propio presidente ha descrito a otras naciones.

La diatriba incluía, además, la afirmación de que los asiático-americanos son desleales a Estados Unidos y que, de algún modo, no logran integrarse en él —tal como, según sus palabras, «lo hicieron los europeos en el pasado»—.

“Este es, pues, parte del contexto que debemos tener presente”, indicó Young, durante una sesión informativa de American Community Media (ACoM).

La persecución al Southern Poverty Law Center

En un contexto más amplio, el director ejecutivo de la AACJ señaló que todo ocurre en un momento en el que el Departamento de Justicia presentó una denuncia penal infundada contra el *Southern Poverty Law Center* (SPLC), una organización con 50 años de trayectoria dedicada a prevenir el odio y a desenmascarar a grupos supremacistas blancos, tales como el KKK, los *Proud Boys* o los *Oath Keepers*.

“También tenemos un gobierno federal que ha cancelado —a mitad de contrato, subvenciones para combatir los crímenes de odio.

Dichas subvenciones buscan activamente prevenir tanto los crímenes como los incidentes de odio.

Además, la administración Trump está presionando a las empresas de redes sociales para que reduzcan sus esfuerzos de moderación de contenidos de odio.

“Cuando tenemos un gobierno federal que no solo fracasa en la prevención de incidentes de odio, sino que participa activamente en conductas y discursos que los incentivan, todos los estadounidenses sufrimos”, afirmó. “Y lo que tenemos en este momento es una historia que combina tanto el progreso como el progreso perdido”.

Hace cinco años la comunidad asiático-americana se encontraba en el punto álgido del odio. Incluso, casi al final de la pandemia de COVID-19, el presidente Trump se refirió a la crisis sanitaria como el «virus de China», la «gripe de Wuhan» o —la peor de todas las variantes que empleó— la «gripe Kung».

“Literalmente, Trump se reía de ello durante sus actos de campaña”, recordó Yang. “Asimismo, fuimos testigos de que el odio contra los asiáticos alcanzó niveles descomunales, tal como documentaron organizaciones como Stop AAPI Hate, entre otras. Y lo que presenciamos durante aquel periodo fue que, en marzo de 2021, seis mujeres asiático-estadounidenses fueron asesinadas en Atlanta”.

El 16 de marzo de 2021, un hombre armado mató a ocho personas —incluidas seis mujeres de ascendencia asiática— en tres salones de masajes del área de Atlanta. Los tiroteos tuvieron lugar en Young’s Asian Massage, en Acworth, y en Gold Spa y Aromatherapy Spa. Las seis mujeres asiáticas asesinadas fueron: Xiaojie “Emily” Tan (49): propietaria de Young’s Asian Massage; Daoyou Feng (44): asesinada en Young’s Asian Massage; Suncha Kim (69): empleada de Gold Spa; Soon Chung Park (74): empleada de Gold Spa; Hyun Jung Grant (51): empleada de Gold Spa; y Yong Ae Yue (63): asesinada en Aromatherapy Spa. Otras dos personas también resultaron muertas: Delaina Ashley Yaun (33) y Paul Andre Michels (54).

Los asesinatos de cuatro estadounidense de origen sij

Hubo, además, cuatro estadounidenses de origen sij durante el tiroteo en las instalaciones de FedEx en Indianápolis.

El 15 de abril de 2021, tuvo lugar un tiroteo masivo en una instalación de FedEx en Indianápolis, Indiana, en el que un exempleado mató a ocho personas; cuatro de ellas eran miembros de la comunidad sij local. Las cuatro personas sij que perdieron la vida fueron Amarjit Sekhon (48), Amarjeet Kaur Johal (66), Jaswinder Kaur (64) y Jaswinder Singh (68). Entre las otras víctimas se encontraban Matthew R. Alexander (32), Samaria Blackwell (19), Karli Smith (19) y John Weisert (74).

Como consecuencia, se aprobó la Ley de Crímenes de Odio relacionados con la COVID-19. Fue una respuesta oportuna ante la situación que enfrentaban las comunidades asiáticas, sijs y musulmanas.

Dicha ley contribuyó a establecer —entre otras cosas— medidas ajenas al ámbito policial, así como vías para denunciar actos de odio y acceder a asistencia.

La ley fortaleció la infraestructura de respuesta al odio de AAJC, mejorando aspectos como el acceso a los sistemas de denuncia, la disponibilidad de servicios lingüísticos y la coordinación de la atención a las personas mayores.

Asimismo, respaldó la concesión de subvenciones a organizaciones comunitarias con el fin de prevenir el odio y debatir sobre la mejor manera de responder a estos incidentes.

“La situación actual es la siguiente: nos encontramos en un escenario de retroceso. Nos enfrentamos a una situación en la que los crímenes de odio se mantienen en niveles alarmantemente elevados”, enfatizó John C. Yang, quien aclaró que, si bien las cifras basadas en los datos reportados por el FBI no alcanzan la misma magnitud que la registrada entre 2020 y 2022, la incidencia es casi tres veces superior a los niveles previos a la pandemia.

Si bien los actos de odio reportados contra las comunidades sij, hindú y budista han alcanzado los niveles más altos jamás registrados, el odio contra la comunidad latina sigue siendo significativamente elevado, y ha alcanzado la cifra más alta reportada en más de una década.

Las comunidades sij, musulmanas e hindúes continúan sufriendo crímenes de odio en Estados Unidos.

Por otra parte, lo que las estadísticas no revelan es que los crímenes de odio siguen siendo objeto de una subnotificación generalizada.

En parte, esto se debe a una infraestructura fragmentada, en la que existen organizaciones y agencias gubernamentales que carecen de incentivos para denunciar tanto los crímenes como los incidentes de odio.

“Hay quienes intentan minimizar lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno; sin embargo, la realidad es que la ciudadanía no se siente segura”, afirmó John C. Yang. “Estas inquietudes se ven exacerbadas por la aplicación opresiva de las políticas de inmigración, así como por las preocupaciones en torno a la actuación policial, derivadas de la reducción de la supervisión —impulsada por la administración Trump— y de la nueva perspectiva adoptada por el Departamento de Justicia (DOJ)”.

Asimismo, parte de este problema radica en que la noción misma de lo que significa ser “estadounidense” se encuentra bajo ataque, a raíz del intento de la administración de eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento.

“Extranjeros perpetuos” en Estados Unidos

El experto señaló que se ha fomentado la idea de que, de algún modo, son las mayorías blancas quienes están siendo objeto de discriminación, sugiriendo que los esfuerzos deberían centrarse en ellas —en lugar de enfocarse en la inclusión, la equidad y la diversidad— para abordar esta problemática.

“Otro aspecto es que ha resurgido el estereotipo de que somos «extranjeros perpetuos» —nosotros, los asiático-americanos—; la idea de que somos forasteros permanentes que nunca podrían llegar a ser verdaderos estadounidenses”, indicó. “Y esto ocurre a pesar de que dicha noción nunca ha desaparecido del todo”.

Es precisamente en este punto donde cobra relevancia la publicación que Trump compartió de un locutor de radio de derecha: la noción de que, de algún modo, “representamos un riesgo para la seguridad nacional o económica de los Estados Unidos”.

“Ya hemos visto este guion con anterioridad: ya sea durante la Segunda Guerra Mundial, con el internamiento de los estadounidenses de origen japonés; lo ocurrido tras el 11 de septiembre, con la persecución dirigida contra los árabes, musulmanes y estadounidenses de origen del Medio Oriente y del sur de Asia; o incluso remontándonos a la Ley de Exclusión China, en la época en que los trabajadores ferroviarios chinos contribuyeron a la construcción del ferrocarril transcontinental. Creo que este es el contexto en el que se enmarca la publicación de Trump”.

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